Tu cerebro es como un amigo paranoico. En los momentos más importantes empieza a llenarte la cabeza de inseguridades y de “y sis”; “¿y si sale mal?, ¿y si no te acuerdas de la respuesta?, ¿y si te sale un gallo en mitad de la presentación?. Esto es porque tu cerebro está ahí para mantenerte a salvo, no feliz.
El cerebro se dedica a avisarte de los posibles peligros que se encuentren a tu alrededor, ése es su trabajo y lo que mejor sabe hacer, así aumenta la probabilidades de mantenerte a salvo. Esta ahí para que, cada vez que quieras salir de tu zona de confort a enfrentarte a algo desconocido, des un paso atrás y te quedes en zona conocida, segura. Al fin de cuentas, si nada cambia, tu cerebro no tendrá que adaptarse a nada y eso es lo que le da seguridad.
Pero, ¿qué sucedería si nunca tolerásemos el cambio? pues que no aprenderíamos, ni prosperaríamos, ni avanzaríamos ni maduraríamos. Un precio a pagar un poco caro a cambio de dar tranquilidad a nuestra mente.
De esta forma, nuestro "amigo paranoico", el que pretende mantenernos a salvo, acaba convirtiéndose en nuestro peor enemigo.
Pero hay un truco muy sencillo, como amigo que es, ajeno a nosotros, puedo decirle: “gracias por preocuparte, pero todo está controlado”. Tras esto tan sencillo, se calmarán tus pensamientos angustiosos.
Tienes que entender que los pensamientos son tuyos, pero no son tú. Tu eres el "acomodador", y puedes decidir a que pensamientos le concedes un lugar y tomas enserio, y cuales no. A los que te limitan simplemente los dejas ir, porque no te definen. Es tal la capacidad de nuestro cerebro de crear propuestas que puedes decirle que una no te gusta y que genere otra más acorde con tus necesidades (next!), es así de simple.
El cerebro no te gobierna, eres tú el que gobierna a tu cerebro, y en muchas ocasiones, tu amigo paranoico necesita que le metas un poco en vereda y decirle que te deje en paz. Al fin de cuentas, nuestros pensamientos no nos definen, porque lo mismo podemos generar un pensamiento concreto que su contrario, solo con proponérnoslo, por lo tanto, no pueden definir nuestro ser. Somos el que está tras la máquina, el maquinista o el acomodador como hemos mencionado antes, manejando las informaciones que nos llegan, no solo del cerebro si no de todas partes del cuerpo. Haz un uso inteligente de tus recursos, al fin de cuentas el que esta "al mando" eres tú.
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